Cusco, el ombligo del mundo
Cuenta la leyenda que el Dios Sol envió sus hijos a la tierra para guiar a los hombres. Manco Cápac y Mama Ocllo llegaron al lago Titicaca y con un bastón de oro emprendieron un viaje por la cordillera. Donde el bastón se hundiera en el suelo seria el local ideal para la construcción de un nuevo reino. Pero la tierra siempre rechazaba el bastón y los hijos del sol seguían buscando.
Después de días caminando, llegaron a un valle rodeado de preciosas montañas. Allí el bastón de oro se hundió en el suelo. Manco Cápac y Mama Ocllo fundaron la ciudad de Cusco, que en quechua significa “ombligo”. Cusco fue la capital del Imperio Inca y, para ellos, el ombligo del mundo, centro de toda vida.
Película de Gaturro
El tesoro de Musa
El moro Musa era el más rico, más fuerte y más poderoso califa de la antigua España. Vivía en lo alto de una colina, en un lujoso palacio con un tejado dorado y minaretes que tocaban el cielo.
Un día, al darse cuenta del avance de las tropas cristianas, el moro decidió dejar España. Todavía, no podía llevar sus riquezas. Desesperado, cogió una lámpara mágica que estaba en un armario polvoriento. Musa la frotó y de ella salió un djim soñoliento que se propuso a ayudarlo. Con un hechizo del djim, las riquezas del califa se volvieron piedra. De esta manera los cristianos no conseguirían ver su tesoro.
La princesa Zoraida, hija del califa, escuchó la conversa y se puso a llorar. Padre – dijo -, no puedo dejar esta tierra. Me encantan las montañas, los pajarillos y las flores de aquí.
Entonces, Musa ordenó al djim que pusiera su tesoro en una cueva especial y que plantara un árbol en su entrada. El árbol era la princesa Zoraida, encargada de cuidar a las riquezas del padre.
Pero al hacer el hechizo el djim cometió un error. Todos los años, a la medianoche del primer día de la primavera, Zoraida vuelve a vivir y las riquezas del califa relucen una vez más. Contenta, la princesa canta mientras arregla la cueva antes que todo vuelva a ser piedra y ella árbol.
Dicen que, con suerte, los niños obedientes pueden oírla reír y cantar en el único día de vida que tiene para respirar el aire perfumado de la montaña que tanto ama.
